Ropa vieja a precio de oro. El truco de la palabra «vintage»

Los diseñadores de moda lo saben y siempre lo han dicho, la moda no siempre surge de la nada pues la mitad del tiempo simplemente se va reciclando cada cierto tiempo, y antes no éramos plenamente conscientes de ello, tal es el caso de los jeans acampanados que los jóvenes millenials pensaban que era el último grito de la moda, hasta que sus padres de la década de los 70s decían les decían que también las usaron en su juventud.

Con la llegada del internet no solo llegó la comunicación más efectiva, sino también tuvimos a nuestra disponibilidad un banco de información desde la más antigua, hasta la que surgía en cuestión de segundos. Es por ello que ahora es mucho más fácil saber cuándo una moda ha renacido, llamándolo «vintage».

En la actualidad, también la ropa de segunda mano ya no es un tema tabú en medio de una crisis climática que resulta más en «consciente del problema mundial» a aquellos que saben reciclar y darle una segunda oportunidad a la ropa, algo que antes era mal visto y hasta considerado tacañería.

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Inesperadamente, con la llegada de la pandemia, tanto la venta de ropa vintage como el negocio de la ropa de segunda mano, se ha impulsado magníficamente especialmente en medio de un estancamiento económico por la pérdida de muchos trabajos y la disponibilidad de hacerse dinero todavía más fácilmente a través de internet en tiendas informales como las que encontramos en Facebook Marketplace.

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Además, aquellas aplicaciones de venta de ropa usada como Humana, Vinted, Depop, entre otras que tenían muy poca relevancia, ahora se han ganado los reflectores, pues no solamente ha ayudado a despejar aquellos armarios con ropa que ya no se usa, también ha impulsado al comercio individual de los más afectados.

Eso sí, también se creó un «mini marketing» para asegurar la venta de estos artículos usados haciéndolos ver como artículos únicos que merece estar en todo armario, renaciendo tendencias como el «vintage» y el estilo «hipster», especialmente este último que ya tenía unos añitos de haber desaparecido (e incluso atacado en las redes sociales), regresando más fuertes que nunca para poder colocar toda esta ropa antigua.

Sin embargo, con todo un mercado marchando a toda velocidad nunca falta el que se quiere aprovechar de este «boom» para ganar con  artimañas, y es cuando han llegado los «coleccionistas de lo antiguo» sobrevalorando algunas prendas por su antigüedad, llegando a costar tanto como una prenda de marca más actualizada o superior.

Esto ha creado toda una discusión sobre si este modo de ganancia sostenible con el medio ambiente y solidaria con todos aquellos afectados durante la crisis económica ha perdido el sentido por aquellos oportunistas que también comenzarán a afectar al consumidor.

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McKinsey & Company, la firma de consultoría estratégica global, ha apostado que este sector emergente no desaparecerá con la pandemia, de hecho, se espera que para el 2025 aún continúe creciendo, posiblemente cambiando el panorama de la «moda rápida» que hasta ahora ha estado rigiendo.

En pocas palabras, ahora ya no esperaremos la última moda de temporada para empezar a rellenar nuestros armarios, se dice que para el 2029, un consumidor promedio tendrá entre sus prendas un 20% de ropa de segunda mano, mientras que solo el 3% será de moda actualizada.

Para el mercado de la moda, la compra-venta de ropa usada pretende tener un alza de su valor de 23 mil millones de dólares en 2019, hasta una proyección para el 2024 de 53 mil millones de dólares, según la predicción de GlobalData de acuerdo a la tendencia actual y opinión de expertos.

Todo parece indicar que este nuevo modo de comercialización estará prosperando en beneficio de personas de clase media y baja para obtener productos a un mejor precio, quitándole el poder a las marcas que se enriquecen a cuesta de los más pudientes y generando al mismo tiempo una huella imborrable en el planeta.

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¿Pero hasta qué punto esto podría ser algo viable y positivo?, de hecho, los problemas por las compras ahorrativas online tan populares en la actualidad ya están preocupando por los efectos del consumo excesivo que se han observado en Depop, una aplicación tipo marketplace de compra-venta internacional.

En la revista digital, Vox, investigaron el caso de Alli Vera, una usuaria de esta aplicación que ha vendido más de 2.600 prendas desde que se inició en el 2016. Color Club es el nombre de su tienda online que se especializa en estilos vintage entre la década de los 70 y 2000, y se provee de las tiendas de segunda mano locales de Virginia, lugar donde vive.

Sin embargo, Alli Vera un día decidió cerrar su tienda permanentemente debido a que proveerse le absorvía gran cantidad de su tiempo, y también para dedicarse a su nueva pasión, su canal de YouTube, dejando a la deriva a sus más de 83.000 seguidores en Depop.

En su mensaje, también menciona su preocupación de cómo ha ido evolucionando el papel del mediador o revendedores entre la tiendas locales de ropa de segunda mano y el cliente final. Ella menciona que notó un efecto de gentrificación en las tiendas de segunda mano.

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En pocas palabras, lo que era un negocio que vendría a beneficiar a la clase baja ante el golpe económico y desempleo, ahora ha sido tomado por la clase media y alta, vendiendo en masas y beneficiando a un sector que en realidad no tiene la necesidad económica de las pequeñas tiendas que han quedado rezagadas y obligadas a buscar otro medio de subsistencia.

Y este efecto no solo ha golpeado a los revendedores, también a los consumidores especialmente con la viralización de vídeos de unboxings de prendas de segunda mano en YouTube y TikTok, que han implantado en las actuales generaciones de adolescentes esta tendencia donde «todos» deberían de comprar ropa de segunda mano por moda, incluso si tienen los recursos necesario para hacerse de ropa nueva.

El descontento por la viralización de este medio de subsistencia para los más necesitados ha ocurrido con la cada vez más proliferacion de vloggers claramente de recursos suficientes para tener ropa de marca de la más cara, monetizando sus vídeos donde se muestran «explorando» el mundo de la compra de ropa de segunda mano.

Algunos incluso se los ve obteniendo ropa gratis de centros de donación como una «forma inteligente de ganar dinero sin invertir», vaciando los centros para grabarse probándose una cantidad exorbitante de ropa que claramente es más de la que necesita, algunas prendas de las cuales terminan modificando para hacerlas ver más a la moda.

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Adicionalmente, otro efecto está ocurriendo, y es que los precios de la ropa de segunda mano están subiendo ante la demanda, dándoles un duro golpe a los consumidores que cuentan con pocos recursos económicos que hasta ahora estaban dependiendo de este modo de compra.

Las personas que necesitan de ropa de tallas grandes también se las están viendo negras luego de la tendencia de las vloggers de comprar de forma desmedida ropa amplia para modificarlas ante las cámaras, dejando a estos consumidores sin muchas opciones para vestirse.

Las prendas usadas que ya se pueden encontrar a precios de ropa nueva, principalmente en tiendas online dedicada a lo «vintage» con moda de la década de los 90 y 2000, como vaqueros a la cadera, camisetas largas, corsés, entre otros. Y la ropa infantil tampoco que queda atrás, vendiéndose incluso al triple de precio del que debería, eso sí, etiquetadas como exclusiva ropa vintage.

Y esta no solo se trata de una excusa para vender más caro, sino también para llegar a cada vez más personas, ya que funciona como una etiqueta o puerta para dirigir las búsquedas que en un principio iban dirigidas a tiendas originales. De este modo, algunas personas terminan comprando ropa de segunda mano cuando en realidad estaban en búsqueda de ropa nueva estilo vintage o hipster.

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Desde luego, las quejas de decenas de usuarios no se ha hecho esperar, pues están viendo crecer los valores rápidamente y de una forma desproporcionada, y esto lo han notado principalmente los clientes con mayor experiencia que saben que el valor de una prenda que se consigue por 5 dólares, de repente la ven en la tienda online a 60 dólares, por lo tanto, son los más jóvenes inexpertos los que están cayendo en las trampas.

Y mientras muchos tiktokers y vloggers ya se están ganando la fama de estafadores, en otro lugar del internet se está cocinando otra tendencia negativa, el dropshipping, es decir, los revendedores que contactan directamente con fábricas mayormente del extranjero que venden a granel y a precios económicos, y las revenden en las apps de segunda mano como artículos obtenidos por ellos mismos e incluso artesanales y únicos, aumentando radicalmente su precio.