Energías limpias se quedan sin lugares seguros para presas, es cada vez más peligroso construirlas

La primera planta hidroeléctrica vio la luz en septiembre de 1882, para entonces, el ingenio humano tenía todo el mundo ante sus pies, listo para ser explotado en nombre de la tecnología y el progreso que nos llevaría a un mundo inimaginable donde empezaríamos a despedirnos de las velas para alumbrarnos cada noche.

Fue en el río Fox, en la ciudad de Wisconsin en Estados Unidos, donde se alzaría la primera presa hidroeléctrica del mundo que sería la nueva adquisición de la compañía de electricidad Luz Appleton Edison, en una era crucial para la generación de electricidad cuando todos apostaban por el vapor y no el agua.

Como muchos saben, el fundamento de las plantas hidroeléctricas requiere de una vasta cantidad de agua, que tiene que hacerse pasar en gran caudal que haría girar una enorme turbina, que a su vez generaría la energía eléctrica mediante varios procesos de transformación de energía cinética a eléctrica.

Desde luego, para la tecnología de entonces que prácticamente era experimental, la planta completa apenas generaba electricidad para iluminar la casa de propietario, H. F. Rogers, abastecer la misma planta hidroeléctrica, y uno que otro edificio de los alrededores, seguramente favoreciendo a los más adinerados.

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Existen algunas discrepancias históricas donde aseguran que realmente la primera central hidroeléctrica fue construida en Gran Bretaña por ahí de 1880. Pero cualquiera que fuese el pionero real, sin duda fue quien abriría las puertas a una era para el ser humano.

Fue así como paulatinamente, con el paso de las décadas, esta pequeña chispa comenzó a erguirse hasta convertir a las centrales hidroeléctricas en las principales fuentes de energía para abastecer cada ciudad alrededor del mundo.

Desde luego, con la expansión de las ciudades y la sobrepoblación humana, hizo falta tomar cada uno de los recursos acuíferos factibles para construir estas presas al grado de darle la bienvenida al nuevo milenio con cada vez menos lugares dónde construir presas de forma segura para continuar abasteciendo a todo el mundo.

 Desde luego, estas no son buenas noticias en tiempos donde el bienestar de nuestro planeta está en riesgo y se necesitan tomar medidas urgentes y rápidas para poder detener a tiempo el cambio climático que ya nos está pisando los talones.

Clave para eliminar la energía a base de carbón sin sufrir las consecuencias, es optar por energías limpias y fortalecer la hidráulica

El cambio hacia las energías más limpias no es un camino lineal, de hecho es bastante fluctuante y hasta delicado. De eso nos hemos dado cuenta durante la invasión de Rusia en Ucrania.

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Mientras que el G7 está en la carrera por eliminar las energías contaminantes principalmente del carbón para el 2030, y definitivamente eliminarlo en sectores energéticos para el 2035, se han encontrado con este conflicto.

Rusia, al ser uno de los principales proveedores de combustibles fósiles en Europa y otras partes del mundo en alguna medida, ha provocado una escasez de petróleo y sus derivados a sus principales clientes que ha llevado a un alza de precios en el combustible en todo el mundo.

Esto ha sido un duro golpe a los intentos de muchos países por convertirse a energías limpias, pues se han visto obligados a depender de quemar carbón para poder abastecer a las ciudades sin el recurso ruso.

El G7 ha vuelto a convocar una junta en mayo de 2022, no esta vez para dar más propuestas de energías limpias, sino para tratar de sobrevivir a la situación primeramente con la alza de precios globales de la energía, así como el suministro de combustibles que tiene a todos pendiendo de un hilo.

Es ahora una preocupante que las acciones de emergencia a tomar no vayan en contra de la ardua lucha para evitar el cambio climático, acordando que darán informes públicos sobre el compromiso por avanzar a las “cero emisiones” a partir del próximo año.

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Del grupo de los siete, Estados Unidos y Japón han adelantado que si bien, también tienen intenciones de llegar al mismo objetivo, no podrán cumplir con la misma fecha que el resto de los países para eliminar el carbón de la ecuación en sus procesos de generación de energía.

Sin embargo, el representante del Ministerio de Industria de Japón, ya ha adelantado que para el 2030 al menos se compromete a reducirlo en un 19%, alegando que anteriormente ya había hecho una reducción de su uso en un 32% en 2019.

Por su parte, el representante estadounidense menciona que el presidente Biden ya ha tomado las medidas para alcanzar el objetivo hasta 2035, y para subsanar su retraso, también se ha comprometido a ayudar a otros países para que también puedan llegar a sus objetivos climáticos.

La Agencia Internacional de Energía (AIE), hace un llamado a los países para pasarse a energías existentes más limpias. Ya que pasarse a energías más novedosas  y en desarrollo como la eólica o solar, como lo hemos visto al principio, la energía hidráulica es una tecnología ya disponible y menos contaminante.

“(la energía hidroeléctrica” es la clave para poder pasar a las energías más limpias, su ventaja es que puede generar mucha más energía baja en emisiones de carbono, además provee flexibilidad y la capacidad de almacenamiento”.

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También subraya que las plantas hidroeléctricas modernas han podido aumentar su producción de energía un 70% en las últimas décadas, y tan solo en el año entre el 2019 y 2020 creció otro 17% a nivel mundial, teniendo a la India, China, Etiopía y Turquía como las máximas productoras en el mundo.

Si bien, este crecimiento de producción en algún momento va a desacelerar, la implementación de otras energías limpias o incluso no tan limpias, fácilmente podrían compensarlo, siendo una excelente opción para eliminar al carbón y el gas natural al menos como fuentes principales.

La IAE insta a otros países a modernizar las plantas hidroeléctricas existentes y obtener espacios viables para levantar nuevas instalaciones aunque existen ciertos riesgos

Entre otros beneficios que apunta la IAE, es que  las plantas hidroeléctricas es la mejor opción para pasar a las cero emisiones gracias a su gran escalabilidad y flexibilidad. Eso no es todo, asegura que también ayuda a los sistemas eléctricos existentes a adaptarse a los cambios de demanda y disminuye las fluctuaciones cuando se adaptan otras fuentes de energía.

Según los estudios de la agencia, se dice que cerca del 50% del potencial de la energía hidroeléctrica aún está sin explotar en todo el mundo a pesar de ser económicamente viable.

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Por ello, hace un llamado a los gobiernos para modernizar y reformar aquellas plantas que se han ido obsoletando con los años, logrando un menor rendimiento cuando podría convertirse fácilmente en el generador de energía principal.

Tan solo en Europa, la edad de estas plantas hidroeléctricas supera los 45 años en promedio. Y aunque el pretexto es no contar con el presupuesto para reformarlas, la agencia asegura que ni siquiera se requiere la mitad de lo que se cree mientras que las ampliaciones se hagan de forma programada y gradual.

Para aquellos países que se han ido expandiendo o no han adoptado este tipo de energía, el reto será hacerse de los espacios necesarios para poder levantar nuevas instalaciones, algo que desde luego no es nada fácil ni barato, especialmente para países que no son una potencia económica.

El revés también ha llegado a China, uno de los principales generadores de energía hidroeléctrica, quienes han encontrado un tope principalmente a que se ha quedado sin lugares atractivos dónde crecer económicamente, ya sea por el impacto social o ambiental.

La construcción de presas para estas plantas hidroeléctricas suelen ser también un impedimento, y es que no es cuestión de construir y ya, pues hay lugares bastante vulnerables como el Himalaya, que tiene tantas áreas por explotar, pero que el derretimiento de los glaciares lo hacen propenso a un accidente.

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Esta es una probabilidad ya estudiada en 2016 por la Universidad de Potsdam donde identificó más de 2 mil lagos congelados que se han empezado a derretir y ponía en riesgo 56 proyectos de plantas hidroeléctricas cercanas, con una alta probabilidad de desbordar sus presas y causar desastre a su paso.

En India esto ya sucedió en el proyecto Tapovan Vishnugad en el río Dhauliganga que en el transcurso de una década registró dos inundaciones catastróficas, una en 2013 y otra en 2021 debido al desprendimiento de masa glaciar que cobró varias vidas.

Todo dependerá de la capacidad de las empresas hidroeléctricas de mantenerse al día con los datos y así poder detectar posibles peligros y levantar estructuras capaces de anticiparse a los efectos del cambio climático que puedan enfrentar.