Los días de calor más intenso durante el verano pueden ser insoportables, pero afortunadamente esto no ocurre durante absolutamente todo el verano, siempre encontramos lapsos de “alivio térmico” con la llegada de lluvias y tormentas, e incluso somos advertidos de la llegada de la canícula donde nos podemos preparar con tiempo.
Cuando vemos que el pronóstico del clima avisa sobre los días más calurosos, empezamos a hacer preparaciones y a cambiar un poco nuestras vidas para sobre llevarlo, como hacernos de una sombrilla, ropa fresca, incluso algunos evitan salir en la hora más calurosa durante esas “olas de calor”.
Por ejemplo, a pesar del intenso calor que vivimos este 2022, pudimos disfrutar de días donde se nublaba y el chorro polar hacía lo suyo para traernos aire fresco, disminuyendo entre 4 y 8°C la temperatura del aire.
La naturaleza por sí misma nos viene preparando poco a poco para la llegada de una de las estaciones más frescas, el otoño y luego estar más ambientados para el invierno.
Sin embargo, dichos alivios términos solo suelen durar unos cuantos días antes de que el verano vuelva a tomar las riendas del clima y traernos una nueva “oleada de calor”, al menos eso tendemos a decir y repetir sin saber que de hecho, estamos refiriéndonos al calor normal, común y corriente.
“Ola de calor” no es un nuevo concepto por el cambio climático, pero sí es de las que peor se utilizan recientemente por la misma razón
La Agencia Estatal Meteorológica de España (AEMET), describen las “olas de calor” como una forma de señalizar episodios de al menos tres días seguidos de intenso calor por ahí de 1975 para fines de estudios.
Para ser más exactos, los expertos buscaban entre los registros de temperatura históricos aquellos característicos días consecutivos donde al menos “el 10% de las estaciones consideradas registran máximas por encima del percentil del 95% de su serie de temperaturas máximas diarias de los meses de julio y agosto del periodo 1971-2000.”, mencionan en su sitio oficial.
Esto quiere decir también que las olas de calor no son un sinónimo del verano o las temporadas con altas temperaturas, sino de que, en medio de los días calurosos veraniegos haya días particularmente mucho más calurosos y sean consecutivos, no valen los días “sueltos” o aislados.
Esto también significa que no debemos confundir la reincorporación del calor normal luego de un “alivio térmico” como una nueva ola de calor incluso si son superiores a la media, sin duda es un término que deberemos utilizar con más cuidado.
Pero no podemos culpar a nadie pues el promedio de temperatura máxima durante esta temporada ha llegado a ser récord en muchas localidades, pero no podríamos decir si se trata de una ola de calor hasta que termine la temporada más calurosa y hagamos un recuento de las temperaturas registradas para identificar esas “al menos tres días consecutivos” de calor más fuerte.
La buena noticia es que si ya pasamos la ola de calor, ya estaríamos prácticamente no volverá a suceder, aunque todavía tengamos que tolerar las altas temperaturas propias de la temporada.
Ahora que ya podemos utilizar mejor el término, es hora de preocuparnos por cosas más alarmantes
El cambio climático no solo nos deja confusión sobre cómo diferenciar los calores del verano, también se ha roto el equilibrio donde el planeta puede recuperarse del verano, es decir, la temporada de precipitaciones.
Luego de las sequías nada nuevas, siempre viene el alivio de la temporada de lluvias, algo que no ocurrió en muchas partes del mundo donde más se necesitaban.
Este 2022 casi la mitad de Europa se enfrentó a sequías por la falta de precipitaciones que alimentaban los recursos hídricos de muchos países, el 17% de ellos agotando peligrosamente sus suministros y alzando las alertas.
Las “piedras del hambre” fueron los hallazgos más impactantes que llegaron a todos los medios alrededor del mundo cuando los ríos y lagos se secaron por completo revelando mensajes tallados en piedras subacuáticas que datan entre los siglos XV y XIX. Nadie se había dado cuenta que estaban ahí ya que sequías de esta magnitud no habían ocurrido desde hace al menos un siglo, revelando desalentadores mensajes de hambruna, muerte y crisis, una realidad anunciada por nuestros



