Según una compañía de datos a nivel global. Las ventas de agua carbonatada aumentaron un 17 por ciento en Canadá durante 2016 y 2017, lo que indica que los canadienses están seriamente en efervescencia. Pero, ¿el agua carbonatada es tan buena para nosotros como el agua común y corriente?
Puede parecer una especia de trampa saludable, especialmente para aquellos que están tratando de reducir el consumo de refrescos o sodas, pero aun anhelan la sensación de las burbujas en sus bocas. Pero a menos que uno mismo lo prepare en casa con algún sistema de carbonatación o comprando agua carbonatada que proviene de una fuente natural, las marcas conocidas que se venden junto con botellas de soda en el supermercado pueden contener cantidades furtivas de azúcar o sodio.
“No hay evidencia de que el agua carbonatada o con gas sea mala para nosotros”, dice Stephanie Dang dietista registrada y cofundadora de Vancouver Dietitians. “Pero siempre debe leer la etiqueta para tener cuidado con el azúcar y la sal agregadas. Un error común que comete la gente es pensar que el agua tónica y el agua con gas son lo mismo”.
De hecho, dice, el agua tónica tiene 43 gramos de azúcar y 58 miligramos de sodio por botella de 16 onzas. Teniendo en cuenta que la ingesta diaria promedio de azúcar debe ser de 37,5 gramos para los hombres y de 25 gramos para las mujeres, podría exceder su asignación diaria de azúcar con solo una botella de agua tónica.
Sin embargo, existen algunos mitos sobre el agua carbonatada que justifican su eliminación.
¿Es cierto que el agua carbonatada no es tan hidratante como el agua normal?
Esta creencia es incorrecta. “La única diferencia es la carbonatación añadida”, dice Dang.
En un estudio publicado, los investigadores compararon la producción de orina de los sujetos de prueba después de beber agua sin gas y una de varias otras bebidas comúnmente consumidas, que incluyen leche entera y descremada, cola, cola dietética, té caliente, té helado, café, cerveza, jugo de naranja y agua con gas. La diferencia en las masas totales de orina fue solo menor en aquellos que bebieron leche.
Sin embargo, las burbujas pueden ser perjudiciales para quienes necesitan rehidratarse después de un entrenamiento. Debido a que la carbonatación puede hacer que se sienta más satisfecho o causar algunos ruidos gástricos, algunos pueden estar menos inclinados a beberla después del entrenamiento. O al menos eso es lo que sugirió el estudio realizado.
En ese caso, si sabes que vas a salir a correr o vas al gimnasio, asegúrate de empacar un poco de agua para mantenerte hidratado. De lo contrario, no hay razón para evitarlo.
De hecho, los científicos del Instituto de Nutrición Infantil en Dortmund, Alemania, encontraron que los niños y los adolescentes que eran más propensos a beber agua carbonatada que cualquier otra cosa, si estaba disponible para ellos, lo que en última instancia hacía que los niños estuvieran mejor hidratados.
¿Es cierto que el agua carbonatada erosiona el esmalte de los dientes?
No, el agua con gas no tiene la capacidad de afectar tus dientes. Según un estudio, aunque el agua con gas tiene un nivel de ácido ligeramente más alto que el agua corriente, no representa un peligro para los dientes.
Pero las cosas cambias si acostumbras agregar limón o lima a tu agua carbonatada pues podrías estar aumentando los niveles de acidez. La mejor manera de compensar cualquier preocupación sobre la acidez en el agua carbonatada es beber agua mineral, ya que el alto contenido de minerales y cosas como el fosfato de calcio puede contrarrestar cualquier daño potencial causado por el bajo pH de la carbonatación.
¿El agua carbonatada causa osteoporosis?
Si bien el consumo de refrescos puede estar asociado con una disminución de la densidad ósea en las mujeres, no tiene nada que ver con la carbonatación. Sin embargo, es probable que se deba al ácido fosfórico que se agrega a los refrescos, no a la carbonatación.
No hay pruebas sólidas de que una ingesta alta de fosfato afecte el metabolismo óseo o la densidad ósea y se señaló que no se mostró diferencia en la densidad ósea en grupos de mujeres posmenopáusicas que bebieron agua sin gas y agua con gas durante un periodo de ocho semanas.



