La industria de los textiles ha estado tratando de encontrar las telas más resistentes para usos bastante rudos, dejando de lado las telas que comúnmente conocemos, para irnos a textiles de laboratorio que son capaces de repeler hasta el fuego y el filo de un cuchillo.
Nomex es una tela tipo lona que es altamente resistente al fuego, no es nada novedosa pues existe desde hace 50 años, pero actualmente se utilizan para los trajes de pilotos de carreras para evitar muertes en casos de accidentes donde el auto comúnmente se enciende en llamas.
Desde luego, también ha sido utilizado por los bomberos, incluso creando capuchas para cubrir la cabeza, salvando cientos de vidas.
Uno de los más icónicos también es el Kevlar, una tela sintética de las más resistentes hasta el momento que tiene muchos beneficios como ser ligero, delgado y sumamente resistente, al grado de ser material para crear chalecos antibalas.
Y así podemos hablar de otros textiles sintéticos como el Proban, y otros que son orgánicos como la Indura a base de algodón y aun así tiene propiedades anti flamables y para condiciones de temperaturas altas, o el PBI una fibra orgánica que también es ideal para bomberos.
Pero con el más reciente hallazgo, ahora no solo tendremos textiles resistentes para vestir, sino también biocompatibles que pueden incluso usarse para métodos quirúrgicos debido a que sus componentes no son ajenas a nuestro organismo.
Fibra con componentes musculares que además de ser compatibles con nuestro organismo, también son ultra resistentes.
Nuestros músculos están formados por fibras que son capaces de estirarse y retraerse, y resultan ser la estructura que sostiene prácticamente todo nuestro esqueleto. Además, tenemos la capacidad de desarrollar más masa muscular haciendo ejercicio.
Es aquí cuando entra una proteína llamada titina que se encuentra alojada en nuestros músculos, que una de sus funciones principales es la de iniciar el proceso de crecimiento de masa muscular cuando se hace ejercicio intenso de pesas.
En la Universidad de St. Louis, Washington, han podido utilizar la titina para crear una fibra muscular que presumen es más fuerte que los textiles sintéticos antes mencionados como el kevlar usado para chalecos antibalas.
Para ello tuvieron que innovar en el sector de la química sintética, donde en vez de crear procesos de manufacturación artificial, han utilizado microbios que han sido especialmente diseñados para poder convertir proteínas en polímeros.
El proceso consiste en que estos microbios tengan la capacidad de crear titina, algo muy prometedor pues producirlo sería mucho más barato, además de que se le daría un nuevo uso a este textil al ser hecho básicamente de fibras naturales con la misma composición de nuestros músculos, según menciona Fuzhong Zhang, profesor de Ingeniería Ambiental y Química.
Estamos ante un sector que está dando sus primeros pasos pero que es bastante prometedor en el futuro: la capacidad de crear materiales biocompatibles, y lo mejor de todo es que no se necesita de maltrato animal o del consumo excesivo de recursos naturales.
Características y alcance
Para obtener una fibra de alta dureza, tuvieron que diseñar una bacteria completamente original, primeramente iniciando con un conjunto de bacterias y luego creando unas que son 50 veces más grandes que una bacteria común.
Con esta enorme bacteria fueron capaces de producir fibras de proteínas más gruesas y por lo tanto más resistentes con un diámetro de 10 micrones aproximadamente, que es diez veces menor al grosor de un cabello.
Si bien las probabilidades pueden ser muchas al encontrar una fibra que se pueda transformar en prácticamente armaduras, la propiedad estrella es la compatibilidad que estas tendrán con nuestra biología.
Esto significa que podría utilizarse para procesos quirúrgicos que no sean rechazados por nuestro cuerpo o sean tóxicas. Posiblemente creando suturas internas que se absorban o creando tejidos para lesiones musculares.
Puede ser una excelente oportunidad para crear prótesis, placas, facilitar procesos de reimplantación, crear y reparar huesos y mucho más.
Fuera del sector biomédico, se podría utilizar también para crear prendas especialmente para personas que presentan cuadros alérgicos a la mayoría de textiles, y seguramente otras prácticas que de momento son difíciles de imaginar, pero serán una realidad en el futuro.



